FILOSOFÍA PROGRAMA FÉNIX

Me llamo Borja Larragán, soy experto en inversiones financieras y co-fundador de Shorai. Pero antes de eso fui deportista profesional.

Cuando yo me retiré nadie me tendió una mano ni me avisó de lo que se me venía encima al terminar mi carrera como jugador de baloncesto profesional. Fueron momentos realmente duros de los que aprendí sólo a base de ir superando obstáculos uno detrás de otro y en los que habría sido genial contar con un mentor que me ayudase en mi nueva etapa. Por eso, he decidido ayudar a otros deportistas que se encuentran donde yo me encontré hace años para facilitarles la transición hacia su nuevo futuro.

Quiero compartir mi experiencia personal contigo a través del Programa Fénix de Shorai. Con él obtendrás una guía que te ayudará a re-orientarte profesionalmente, obtendrás el equilibrio emocional necesario en un momento de cambio tan importante y te asegurarás de que tus finanzas están perfectamente organizadas. En otras palabras, es todo lo que me habría gustado que me enseñaran cuando me retiré.

Desde muy pequeño siempre quise llegar a jugar profesionalmente al basket. Y a los 13 años ya era jugador del Real Madrid de baloncesto y capitán de la selección española, condición que mantuve hasta los 20 años.

Obtuve premios, tanto a nivel colectivo como individual, dentro y fuera de nuestras fronteras. Lo cual fue un privilegio, pero al mismo tiempo supuso un gran sacrificio: vacaciones veraniegas reducidas, no salir tanto con los amigos de fiesta, estudiar con tiempo más ajustado y con cansancio físico acumulado, lesiones varias… en definitiva, el precio habitual que paga un deportista en sus años de adolescente para intentar conseguir el ansiado e incierto premio de llegar a ser profesional algún día.

Recuerdo aquellos años con mucho cariño, conocí muchos lugares, hice muchos amigos y mi personalidad se impregnó de los valores que el deporte transmite. Me considero un afortunado porque pude combinar los estudios con el deporte de alto nivel, algo complejo de conseguir en España. Por esa razón, y gracias a una beca que me concedieron por méritos deportivos, pude cruzar el charco para estudiar empresariales internacionales en USA. Mi periplo americano duró 5 años cargados también de valiosas experiencias y de mucho trabajo en las aulas y en el campo de baloncesto.

Cuando regresé a Europa con mi primer contrato profesional en el famoso equipo Aris de Salónica y nada más empezar la pretemporada, sufrí una rotura total del tendón de Aquiles con desgarramiento óseo del calcáneo (una de las peores lesiones posibles y más en aquellos años). Los médicos me transmitieron la gravedad de la lesión y no me dieron garantía alguna de que pudiese volver a jugar a nivel profesional algún día. Dos complicadas operaciones y 17 meses de recuperación, más el apoyo de mi actual mujer, obraron “el milagro”.

Pude volver a jugar como profesional durante 9 años, aunque nunca alcancé el potencial que se esperaba de mí. Pero sí cumplí mi sueño de adolescente de poder trabajar en lo que amaba y ganarme la vida con ello, aunque a nivel económico no ahorré una cantidad suficiente como para poder vivir de ello el resto de mi vida.

La parte más dura como deportista llegó cuando me retiré. Nadie me alertó de lo que ocurre cuando uno se retira de la práctica del deporte profesional, y yo no me lo había planteado nunca. Gran error.

Uno de los problemas en los que hace mucho hincapié el Programa Fénix de Shorai es la parte emocional. No es casualidad. Fue mi nuevo talón de Aquiles, y lo es también de la gran mayoría de deportistas que se retiran.

Al mes de dejar las canchas, padecí una grave depresión que duró dos años y que no sólo me afectó a mí, sino que desgastó mucho a mi mujer -madre ya de tres niños pequeños-. Ningún sufrimiento de los que había experimentado hasta entonces puede igualarse a aquél. Nuevamente tuve la suerte de encontrar a un magnífico profesional, que me ayudó en esa travesía por el desierto.

A pesar de tener mis capacidades intelectuales bastante mermadas, pude estudiar dos Másters en esos años: Uno sobre Finanzas e Inversiones (para poder hacer crecer mis ahorros personales) y otros sobre Desarrollo de Negocios Digitales en Internet. Esta formación fue clave para mí, no sólo por los conocimientos que obtuve de ella sino también para superar los miedos que me suponía no sentirme preparado para la vida después del deporte.

El miedo es el peor enemigo porque nos paraliza, nos impide avanzar. Suele hacer acto de presencia cuando hay incertidumbre y el futuro del deportista que se retira genera mucha incertidumbre.

A nivel profesional también di muchos palos de ciego. Es otra cosa habitual del deportista retirado, que dispara a todo lo que se mueve para “colocarse” profesionalmente donde puede. Yo encontré una salida profesional en mi entorno familiar, pero no era el trabajo que deseaba para mi futuro. Puse en marcha varios negocios que resultaron fallidos, pero no dejé de intentarlo hasta que encontré lo que verdaderamente me hizo feliz.

Las circunstancias de cada uno son diferentes, pero no debemos caer en la desesperanza al pensar que con 32, 35 o 37 años no vamos a encontrar nada que nos llene tanto como nuestro antiguo deporte. Tenemos toda la vida por delante, el deportista se “jubila” siendo muy joven y hoy en día la sociedad está cambiando tan rápido que nos obliga a reciclarnos constantemente para ser más eficientes y multidisciplinares.

No tenemos en Shorai una varita mágica para solucionar todos los problemas, pero si tenemos la experiencia y las herramientas para ayudar a mitigar esa transición del deportista ofreciéndole un plan que le guíe con seguridad entre las arenas movedizas con las que se encontrará al día siguiente de retirarse. Pretendemos no ser sólo un programa de toma de conciencia sino un Club al que siempre se pueda acudir en busca de ayuda y formación.

Como ex-deportista que soy puedo asegurar que la transición no es completa hasta que hemos logrado reorganizar los cuatro pilares fundamentales de nuestro método. Una vez conseguido eso tendremos plena libertad y no existirá sensación de dependencia innecesaria. En definitiva, nos habremos convertido en los arquitectos de nuestro futuro, nos habremos hecho mucho más fuertes, “invencibles otra vez”, como cuando fuimos deportistas de élite.


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